LA TRAVIATA, G. Verdi

Lugar: Amaia  K.Z. de Irun

Fecha: 21 y 22 de abril de 2007

Hora: 20,00
 

FICHA ARTÍSTICA:

 

Violetta Soprano Isabelle Philippe

Alfredo Tenor Ángel Pazos

Giorgio Barítono Juan Tomás Martínez

Flora Mezzosoprano Marifé Nogales

Annina Soprano Haizea Muñoz

Gastone Tenor Josean Pazos

Grenville Barítono Isidro Anaya

Douphol Tenor Ignacio Olaizola

Marques d´Obigny Barítono Ruben Ramada

Giusseppe Tenor Iker Casares

Criado/Mensajero Tenor José Javier Huertas

Coros Luis Mariano – Maestra Sonia Franzese

Orquesta Luis Mariano

Dirección Escénica François Ithurbide

Dirección Musical Aldo Salvagno

 

FICHA TÉCNICA:

 

Decorados y Atrezzo Sinfonia en Re / Silvia Margaria

Regidor de Escena Gilberto Gimenez

Regidor de Orquesta José Mª Rastrilla

Regidor Coros Teresa Egaña / Blanca Gutiérrez / Haizea Muñoz

Iluminación IRUDI OTS

Diseño Luces François Ithurbide / Roberto Punzzi

Subtítulos Ana Muguruza

Vestuario Giamminelli (Napoles)

Sastrería Tiziana Borra / Alice Delfino

Maquillaje Mari Carmen Paredes

Peluquería  Maribel Salinas

Maquinaria KUBIDE

Maquinistas Matteo Eula / Flavio Punzzi / Luca Misca

Producción Asso. Amicci Musica Cuneo / Aso. Lírica Luis Mariano

Organización General Asociación Lírica Luis Mariano
 

Alejandro Dumas hijo, tuvo en su juventud una amada, una mujer de mundo llamada Alphonsine Plessis, conocida en Paris, como “la dama de las camelias” y que murió joven. A la que encumbró a la fama para la posterioridad, con un monumento poético, primero en el marco de una novela, después en un drama, los dos con el título de La Dame aux camélias. Un gran monumento de mármol en el venerable cementerio del Père Lachaise recibió su cuerpo arrebatado a la vida a los 25 años por la tuberculosis. Hoy día, sigue viviendo idealizada en la novela, dónde se llama Marguérite Gautier y en La Traviata de Verdi, con el nombre de Violeta Valery.

Verdi leyó la novela y la pieza teatral en 1848 y 1852 respectivamente, y se sintió muy conmovido, porque el argumento le recordaba un tanto a la situación de su querida mujer Giussepina Strepponi, que vivía con él desde hacía varios años y que en muchos círculos sociales , sobre todo en la pequeña ciudad de Busseto, había sido criticada a causa de su “pasado”. Recurrió a Piave para preparar un libreto que representaba algo nuevo para ambos, porque en primer plano debía estar, no la vida frívola entregada a los placeres mundanos, a la superficialidad y al lujo de la “dama de las camelias”, sino su despertar a un amor auténtico y profundo.

La Traviata narra una historia de carácter burgués, planteando situaciones domésticas muy habituales en un mundo realista. Su lenguaje musical es más íntimo, menos grandilocuente, más humano y hasta se podría que tomado de la vida cotidiana. De ahí que la inspiración verdiana adquiera unos acentos adecuados a las situaciones, desgranando melodías menos heroicas y más reservadas. Encontró un estilo nuevo, igual que lo que ocurriera con el libreto, podríamos decir, que fue el acento melódico justo y diferenciado para cada estado de ánimo de sus protagonistas. Magníficas ocurrencias musicales están perfectamente integradas en el estilo coloquial. Partitura a la que no le sobra ningún episodio, pinta admirablemente los ambientes parisinos y analiza penetrantemente a los personajes principales. Las voces están tratadas con la mayor naturalidad. La orquesta, con sutileza e imaginación asombrosas, y en este apartado hay que citar a los dos magníficos preludios, resumen la historia sentimental de la protagonista. El primero, en su extrema dulzura, simbolizar su amor. El segundo, en su desnuda tristeza, su destrucción.

Violeta se ha convertido en uno de los papeles más deseados y más bellos, porque Verdi exige mucho de ella: coloratura en el cuadro primero, calidez lírica en el segundo, dramatismo profundo e intenso en el tercero y una muerte conmovedora en el último. Verdi, idealizándola, hizo de esta cortesana clásica una figura tierna, enamorada, capaz de sentimientos auténticos; más aún, en su dolorosa renuncia y en su solitario sufrimiento, Violeta es casi una heroína.

 

ARGUMENTO

 

ACTO I

 

La ópera se inicia con un breve pero brillante preludio que empieza a generar una buena predisposición por parte del oyente (o del espectador si está en el teatro), de cara a disfrutar de una ópera romántica que pone al espectador en un mundo de pasión, renuncia al amor, ira, y finalmente, reconciliación con un momento trágico. La ópera, basada en “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas, comienza con una fiesta de alta sociedad en casa de Violetta a la que asisten los amigos de ésta entre los que figura Gastón, el Barón Douphol, el marqués o Flora. Gastón presenta de forma halagadora a Alfredo Germont ante Violetta que queda prendada ante aquel joven. Ya sentados en el banquete, empiezan a dialogar sobre el interés que sitió Alfredo por Violetta cuando llega el primer gran momento de la ópera y que le ha dado popularidad en el mundo como es el célebre brindis (Libiamo!) que entona Alfredo y que sigue Violetta posteriormente.

Una vez acabado el banquete, se van los invitados a otra sala para bailar y quedan ellos solos conversando ya que Alfredo se siente preocupado por la salud de ella (entre la enfermedad que se menciona al inicio de la ópera y el mareo que le ha obligado a quedarse) y ella siente que el interés de Alfredo por ella es sincero, demasiado sincero para su gusto, ya que teme que tras ese interés haya un amor que ella no quiera responder. A la pregunta de ella (Da molto è che mi amate?) él da rienda a ese gran “Un di, felice, eterea” seguido de “Di quell’amore che’palpito” que se convierte en el leit-motiv en este acto cuando Alfredo se revela su amor, que ella no quiera ya que “ella no sabe amar” y le conmina a ser amigos pero nunca amantes.

Alfredo parte con el resto de los invitados, no sin conseguir antes que pueda volver a verla. Sola en su casa, se queda pensativa ante esas palabras que, unos momentos antes, le había revelado Alfredo y que le hacen plantearse por unos momentos aceptar ese amor que le propone. En pleno delirio emocional se niega ese amor para volver a ser ella misma, la Violetta que sólo quiere gozar en la senda del placer “(Sempre libera deggio”!) mientras, a lo lejos se oye a Alfredo con ese “amor è palpito”
 

ACTO II.

 

Escena 1ª

 

Ha pasado el tiempo y ambos ya viven juntos en una casita cerca de París. Alfredo revela en su célebre “Lunge da lei” y su posterior “De miei bollenti spoiriti” que Violetta ha renunciado por su amor a los lujos, fiestas etc. Y que se siente “como en el cielo” estando con ella, de repente, Annina le desvela que vuelve de París con el fin de vender los bienes de Violeta para seguir viviendo juntos a lo que él se niega y marcha para París, no sin antes sentirse ultrajado (O mio rimorso). Llega ahora uno de los momentos más importantes en la trama de la historia de esta ópera: el encuentr de Violetta con el padre de Alfredo, Giorgio Germont. El diálogo entre los dos va in crescendo en el argumento y en la música que Verdi compuso para este fragmento.

Giorgio le pide un sacrificio para que abandole a Alfredo por el bien de su familia a lo que, en principio ella niega (A no! Giammai!... Non sapete che colpita d’altro morbo è la mia vita.-Ignoráis que mi vida está herida de una enfermedad fatal- ya que alude al final de Violetta) para luego aceptar el sacrificio a cambio de que, con el tiempo, él le confíe el secreto a Alfredo del tremendo sacrificio hecho por ella.

Con la marcha del padre de Alfredo, Violetta se decide a escribir para despedirse de Alfredo, cuándo éste llega de Paris. En este punto se vive un encuentro lleno de emoción que sugeriría que escuchase con gran detenimiento el oyente. Ese (Amami Alfredo) es de una pasión diferente a la que se puede vivir en otras óperas, ese sentimiento de Violetta que sábe que ese debe de ser el final.

De aquí al final del Acto, se aceleran las situaciones. Giorgio habla con Alfredo(Di Provenza il mar, il suolo), con el fin de convencerlo para volver a su tierra natal con su familia. Alfredo se indigna por esa separación sin motivo de Violetta y parte hacia Paris para vengarse de ella, desconociendo ese sacrificio que sí conocía el padre.

 

Escena 2ª

 

En la fiesta organizada por Flora, la tensión va en aumento desde que aparece Alfredo, cuando nadie esperaba su presencia, y dada la rivalidad existente entre éste y el Barón Douphol, Violetta que está también en la fiesta, pide a Alfredo que se marche pues le amenaza un gran peligro. Alfredo se niega y le dice que se marchará siempre y cuando ella le siga. Ella es, ahora, la que dice que no puede, ya que hizo un juramento. Violetta se ve obligada a mentirle y afirmar su amor por el barón. La reacción de Alfredo es cruel, llama a todos los invitados y delante de ellos, le tira una bolsa de dinero a los pies de ella para que todos sean testigos de que ha pagado la deuda (“Ogni suo aver tal fémina per amor mio sperdea” – Todos sus bienes que esta mujer ha derrochado por mi amor y que yo los aceptaba).

En ese momento aparece Giorgio Germont y le recrimina la acción despiadada a lo que Alfredo se derrumba. El gran final es digno de escuchar con detenimiento en cada uno de los matices que se reflejan: el remordimiento de Alfredo, la pena de Violetta porque sabe que él desconoce los verdaderos motivos de su sacrificio, la ira del barón, etc.

 

ACTO III

 

Después de un breve y triste preludio se observa la triste soledad de una pobre mujer enferma, que está ante sus últimas horas de vida. Relee la carta que le mandó Giorgio en la que le relata que le contó el sacrificio a Alfredo y que él “volverá para imploraros perdón”. El aria (“Addio del passato bei sogni ridenti”) es el mejor reflejo de lo escrito anteriormente. Aninna le revela la llegada de “una alegría insospechada”...sí, Alfredo llega ante ella y tras unos diálogos rápidos se inicia un dúo (“Parigi, o cara, noi lasceremo”) cargado de inusual optimismo que finaliza con otro más cargado de pena, en el que Violetta ya empieza a “despedirse” (“Morir si giovane”), mientras que él le pide que “no cierre su corazón a la esperanza”. Llega el padre y Alfredo le hace ver el mal que ha hecho y que observe el fin de Violetta. Violetta le entrega un pequeño medallón a Alfredo para que lo conserve como recuerdo de amor y le pide que, de enamorarse otra vez le entregue el medallón a esa “púdica doncella en la flor de sus años” y la diga que es un “don de quién en el cielo, entre los ángeles, ruega por ella, por ti” mientras que Alfredo no puede aceptar el fin de ella... “que viva o un solo féretro me acogerá contigo”. Parece que resurge, pero no, Violetta muere en los brazos de Alfredo mientras el doctor confirma el fatal desenlace.

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