LAS BODAS DE FIGARO, W.A. Mozart

Lugar: Teatro Amaia Irun

Día: Sábado, 24 de noviembre de 2007

Hora: 20,00

Día: Domingo, 25 de noviembre de 2007

Hora: 19,00

 

FICHA ARTÍSTICA:

 

Figaro Barítono Paolo Drigo

Susanna Soprano Monica Tarone

Conde Almaviva Barítono Javier Franco

Condesa Rossina Soprano Silvia Mappelli

Cherubino Mezzosoprano Marifé Nogales

Bartolo Barítono Isidro Anaya

Marcelina Soprano Sophie Sara

Don Basilio Bajo Baltazar Zuñiga

Don Curzio Barítono Jean-Noel Poglialli

Antonio Barítono Rubén Ramada

Orquesta Luis Mariano

Coros Luis Mariano

Dirección Musical Aldo Salvagno

Dirección Escénica Emidio Guidotti

 

FICHA TÉCNICA

 

Regidor de Escena Roberto Punzzi

Regidor de Orquesta José Mª Rastrilla

Regidor Coros Teresa Egaña / Blanca Gutiérrez / Haizea Muñoz / José Javier Huerta

Maquinistas Yuri D´Emidio / Roberto Sciamanna

Maquinaria KUBIDE

Sastrería Teresa Concio

Atrezzista Alice Delfino

Electricista Papajanopuolus Xonofon

Diseño Luces Gianfranco Ferrari

Iluminación IRUDI OTS

Maquillaje Mª Carmen Paredes

Peluquería Maribel Salinas

Subtítulos Ana Muguruza

Vestuario SINFONIA EN RE- Reggio Emilia

Decorados y Atrezzo  Cantieri D´Arte- Reggio Emilia

Producción  As.Lirica Luis Mariano / As. Amici Musica Cuneo

Organización General Asociación Lirica Luis Mariano


 

EN TORNO A.... “LAS BODAS DE FIGARO”

Con “Las Bodas de Fígaro” se inicia la fructífera colaboración entre Da Ponte y Mozart que se continuará con “Don Juan” (1787) y “Cosi Fan Tutte” (1790).
El propio Mozart sugirió a Lorenzo Da Ponte la adaptación de una famosa obra de teatro titulada “Las Bodas de Fígaro” de un autor francés llamado Agustín-Pierre Caron de Beaumarchais, que se estaba representando en Viena (1785) rodeada de ciertos escándalos ya que, tanto en París como en Viena, había sido prohibida por la censura, debido al escaso respeto con que se trataba a la nobleza. El nombre de Baumarchais no era desconocido, ya que anteriormente había estrenado otra comedia titulada “El Barbero de Sevilla”(1875) que había sido objeto de numerosas adaptaciones a la ópera, entre las que se encontraba la de Paisiello (1782). Más adelante vendría la versión de Rossini(1816).

En “Las Bodas de Fígaro”, Beaumarchais continuaba la acción de “El Barbero de Sevilla”, manteniendo a los mismos personajes y acentuando aún más el enfrentamiento social representado por una parte por el Conde Almaviva y por otra por su criado Fígaro. Aún escribiría una tercera obra, llamada “La Madre Culpable “(1792) completando así la llamada “trilogía de Fígaro”, pero que no tuvo el éxito de las primeras. También esta obra fue adaptada para la ópera en 1966 por Darius Milhaud. Ni una ni otra son representadas, pudiéndose considerar como una auténtica rareza.

No por casualidad Mozart se sintió interesado por esta comedia de Beaumarchais. De alguna manera existía un paralelismo entre el antagonismo Conde Almaviva-Fígaro y el Príncipe-Arzobispo Colloredo y el propio Mozart, de tal forma que podría considerarse algo así como la venganza de Mozart por el trato de criado a que era sometido por el Arzobispo.¿Quién iba a decirle al todopoderoso Príncipe-Arzobispo Colloredo que iba a pasar a la Historia gracias a su “criado” Mozart?
En cualquier caso “Las Bodas de Fígaro “ tanto en su forma de comedia como de ópera tuvo una enorme influencia social, contribuyendo a que se derrumbaran las estructuras del “antiguo régimen”hasta el extremo de que Napoleón llegó a decir que con “Las Bodas de Fígaro” la Revolución estaba ya en marcha.

Pero además de estas connotaciones políticas, esta ópera cuenta con unos personajes muy bien perfilados como seres humanos, que se mueven por el escenario como seres reales, con sus defectos y sus virtudes, con sus sentimientos, sus angustias, sus alegrías y sus tristezas, lo que se consigue gracias a una perfecta simbiosis entre el texto de Da Ponte y la maravillosa música de Mozart.

La acción de la obra tiene lugar unos años después de la del “Barbero de Sevilla”, años que han hecho estragos en la relación del Conde Almaviva y Rosina su esposa. Las efusiones y los entusiasmos de la juventud han dado paso al tedio de la vida matrimonial, y así nos encontramos con una Rosina trasformada en Condesa, desengañada de la vida, nostálgica de los años de juventud y con una gran melancolía, debido a que el Conde, su esposo, no le hace ningún caso. Sus dos grandes escenas en el 2º y 3º acto respectivamente contienen una música impregnada de serena tristeza.
El Conde, por el contrario, prepotente, poderoso, galanteador impenitente y machista, que pretende ejercer el antiguo derecho de pernada, pero también celoso, más por vanidad que por amor, dispone de una música firme, enérgica, no desprovista de ironía.
Para Susana, Mozart escribió una música más fresca, más alegre y también más romántica, como corresponde a un personaje juvenil, con todas las ilusiones puestas en el amor y en la próxima boda con Fígaro.
Fígaro, personaje pragmático que urde la trama en la que caerá el Conde, dispone también de una música decidida y firme con buenas dosis de comicidad.
Finalmente, para Querubino, el adolescente paje, un tanto atolondrado, Mozart escribió dos de las arias para mezzosoprano más bellas de la historia de la Opera.
Estos cinco personajes protagonistas, junto al resto, más o menos episódicos, al final de la obra nos invitan a disfrutar de las delicias del amor: “Ed al suon di lietamarcia corriam tutti a festeggiar”


ARGUMENTO:

Acto I 


Figaro y Susanna, su prometida, criados del Conde de Almaviva, toman medidas de la habitación que ocuparán al casarse, para poder colocar la cama. Susanna no quiere que se coloque la cama en esa habitación, ya que está cerca de la del Conde, que se opone a su matrimonio, la corteja, y exige su derecho de pernada, aunque había renunciado públicamente a él, en el caso de que ella se case. Figaro piensa entonces que si el Conde de Almaviva quiere bailar (Se vuol ballare), solo lo hará al son que él toque. A continuación, entra el Doctor Bartolo con Marcellina, su ama de llaves, a exigir un antiguo acuerdo, por el cual debe de casarse con Marcellina, o en su defecto, pagarle una gran suma de dinero. Susanna y Marcellina cantan un dueto, Via resti servita (Acepta mis deferencias), de fingida cortesía. Entra Cherubino, paje del Conde, que se tiene que esconder al entrar éste en escena. El conde le ofrece mucho dinero a Susanna a cambio de una cita, pero ella le rechaza. Entra Don Basilio, maestro de música y organista del palacio, así que el Conde se tiene que esconder también. Don Basilio le cuenta a Susanna el interés que tiene el Conde en ella, y el interés que tiene Cherubino, escondido en esa misma habitación, por la esposa del Conde. El Conde, enfurecido, amenaza con despedir a Cherubino, pero cuando el mismo Cherubino sale de su escondite, comprende que ha sido testigo de su escena con Susanna, y cambia de actitud.
Aparece Fígaro junto a un grupo de campesinos, que agradecen al Conde la abolición de un derecho feudal, el derecho de Pernada, y le pide que le case con Susanna. Promete hacerlo, y para desembarazarse de Cherubino, le nombra oficial de su regimiento y le ordena partir a Sevilla.


Acto II 


La Condesa lamenta las infidelidades de su esposo, Porgi, amor, qualche ristoro (Dame, amor, algún remedio). Llegan Susanna, su doncella, y Fígaro, que le dice que le ha mandado al Conde una carta anónima en la que le hace creer que ha concertado otro hombre. Sale Fígaro, y entra en ese momento Cherubino, que canta a la Condesa su amor, Voi che sapete che cosa è amor (Vos que sabéis qué es el amor). La Condesa y Susanna le disfrazan de mujer, y citan al Conde a una entrevista con Susanna, a la que en realidad asistirá Cherubino. En ese momento, aparece el Conde, y Cherubino se tiene que encerrar en una habitación. La condesa le dice al Conde que es Susanna quien se ha encerrado allí, y él intenta derribar la puerta. Mientras, Susanna, también escondida, ayuda a salir de la habitación a Cherubino y se pone en su lugar. Finalmente, la Condesa confiesa al Conde que es Cherubino quien está ahí, pero al abrir la puerta, aparece Susanna, y tanto la Condesa como el Conde se quedan muy sorprendidos. Entonces, la Condesa, reponiéndose, le dice que fue una artimaña para poner celoso al Conde. Entra el jardinero, Antonio, quejándose de que alguien rompió sus macetas al saltar de una ventana. Entra Fígaro, y dice que fue él, pero Antonio muestra un papel que perdió el que saltó por la ventana, que resultan ser las credenciales de Cherubino. Fígaro dice que es que Cherubino se lo había dado porque faltaba un sello, pero el Conde no queda convencido con la explicación. En ese mismo momento, aparece Bartolo y Marcellina de nuevo, que reclaman al Conde el cumplimiento de su demanda, su boda con Fígaro.


Acto III 


El juez Don Curzio exige a Fígaro el cumplimiento del contrato con Marcellina, a pagarle una gran suma de dinero, pero como éste no tiene, le obliga a casase con ella. Fígaro se excusa diciendo que él es de familia noble, y que no puede casarse sin una autorización de sus padres desconocidos porque le robaron de pequeño unos bandidos. Como prueba de esta nobleza, muestra una señal en su brazo derecho. Entonces, Marcelina dice que Fígaro es su hijo, que desapareció al poco de nacer, y que Bartolo es su padre, así que ya no tiene que casarse con ella. Cuando llega Susanna, y ve abrazados a Marcellina y Fígaro, le golpea en la cara, y Marcelina le explica la nueva situación.
La Condesa, dicta a Susana una carta para el Conde, para confundir a su marido. Mientras, entran un grupo de campesinas para ofrecerle flores a la Condesa, entre las que se encuentra Cherubino vestido de mujer. Antonio, el jardinero, y el Conde le descubren. Se celebra la boda entre Fígaro y Susanna y entre Bartolo y Marcellina, y durante el baile, Susana pasa al conde la nota que escribió dictada por la Condesa, fijando una cita para esa noche. La aguja con la que está prendida la carta, debe ser devuelta, en señal de conformidad. El plan es que esa noche no se encuentre con Susanna o con Cherubino, sino que se encuentre con ella, con la Condesa, así que intercambia su ropa con Susanna.


Acto IV 


Fígaro sorprende a Barbarina buscando la aguja que sellaba la carta, ya que el Conde le dio ésta a la joven para que se la diera a susanna, y lo había perdido. Fígaro entonces sabe que Susanna se ha citado con el Conde, pero ignora el plan. Enfadado, invita a Bartolo y a Basilio a ser testigos de esa cita, y les advierte sobre la infidelidad de las mujeres (Aprite un po quelli occhi, Abrid un poco los ojos). Llegan la Condesa y Susana, con los trajes intercambiados, y se produce un encuentro complicado.
Cherubino, que había quedado con Barbarina, ve a la Condesa, que iba disfrazada de Susanna, e intenta besarla, pero en ese momento llega el Conde, y es él el que recibe el beso. Éste le responde con un bofetón, que recibe Fígaro, que se había acercado para ver qué pasaba. Para vengarse del Conde, Fígaro comienza a cortejar a Susanna, pensando que era la condesa, pero cuando éste la reconoce, le declara su amor, y ésta enfurece ya que no se dio cuenta que había sido reconocida por su esposo. Cuando se da cuenta, la pareja se abraza, y esto enfurece al Conde, que confunde a Susanna con la Condesa. Cuando se descubre la situación, el Conde pide perdón a su esposa, por sus sospechas y por su mala conducta. La Condesa le perdona y acaba el acto con una alegre fiesta.

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