LA DEL MANOJO DE ROSAS, P. Sorozábal

Lugar: AMAIA K.Z. de Irun

Día: 27 de septiembre de 2008

Hora: 20,00

FICHA ARTÍSTICA:

 

Ascensión Soprano Rosa Ruiz

Joaquín Tenor Arturo Pastor

Ricardo Tenor Juan Carlos Barona

Espasa Barítono Rafael Alvarez de Luna

Dña. Mariana Actriz Amparo Madrigal

Clarita Mezzosoprano Aurora Frías

Capó Barítono Carlos Crooke

D. Pedro Actor Antonio Galera

D. Daniel Actor Carlos del Val

Un Inglés Actor Remy Fontanillas

Mantecao Actor Juan Luis García

Parroquianos  Actor José Angel Otegui  / Ramón Zamarillo

Dirección Musical José Antonio Irastorza

Dirección Escénica Antonio Ramallo

Orquesta Luis Mariano

 

FICHA TÉCNICA:

 

Regidor de Escena Narciso Tenorio

Diseño Luces Alejandro Docarmo

Decorados y Atrezzo Carlo Carballo / Carballo SL

Vestuario Antología de la Zarzuela SL

Sastrería Inmaculada Prieto

Atrezzista Esperanza Ruiz / Mateos

Maquinistas Carlo Carballo

Coordinación José Ramón Irastorza

Producción Antología de Zarzuela SL

Organización General Asociación Lirica Luis Mariano


Sorozábal conoció un Madrid, el de 1934, en el que la juventud aún sabía entender la belleza de un manojo de rosas. Con esta obra el maestro pretendió un sainete madrileño, de su tiempo, el Madrid republicano de los años 30, en el que cada número -con excepción de las dos romanzas- sean bailables ,como ya hicieran Chueca, Rubio, Nieto y la mayoría de autores del género chico del XIX.


Lo consiguió: La del Manojo de Rosas desde su mismo título es homenaje a un Madrid que ya no era pero que sus habitantes eran capaces de disfrutar y reactualizar. Las chulapas ahora enseñaban los tobillos, montaban en bicicleta y bajaban a Rosales a ver los conciertos de la Banda Municipal del Maestro Villa. El chotis era un recuerdo nostálgico de verbena y el fox-charles hacía furor.


ARGUMENTO:


La acción tiene lugar en 1934, en una plaza de barrio madrileña en la que hay un garaje, un bar y una tienda de flores llamada La del Manojo de Rosas.


Primer Acto:


Se encuentran en esta tienda al comenzar la obra, joaquín, el oficial mecánico del garaje con su aprendiz Capó, además de Don Daniel, el dueño de la tienda de flores y el camarero del bar, apodado Espasa por su afición a usar retumbantes ditirambos y romper los moldes del vocabulario. Ascensión, la florista, hija de Don Daniel, que es una mocita madrileña de educación esmerada, pero orgullosa de su origen obrero, por lo que no quiere oir hablar de amores más que con un hombre de su clase. Aunque Don Daniel le ha aconsejado aceptar la proposición de Ricardo, joven y simpático aviador, Ascensión a quien quiere es a Joaquín, el mecánico, que le corresponde.


Ricardo, tras una conversación con Don Daniel, está convencido de ser el candidato predilecto de Ascensión, y decide un a declararse, pero al llegar a la puerta de la floristería se encuentra frente a frente con Joaquín. Los dos muchachos intercambian bravatas y amenazas. En contraste con este conflicto amoroso aparece otro entre Clarita, una coqueta y “superculta” manicura, Capó y Espasa. Aunque la novia del primero, se deja querer por el segundo, para así poner a prueba el cariño de Capó. Espasa, que piensa que Clarita está loca por él, utiliza toda su verborrea para aburrir a Capó con sus camelos y hacerse dueño de la situación. Los padres de Joaquín son Doña mariana, mujer simpática y afable, y un próspero traficante de chatarra, apodado por esa razón Don Pedro Botero. Ascensión lleva todos los días un ramo de rosas a Doña mariana, sin saber que es la madre de Joaquín, por lo que, cuando aparece éste vestido como un señorito, comprende la florista que ha sido engañada en su buena fe. Con amargura, canta la joven su desconsuelo.


Más tarde, cuando Ascensión está sentada en la puerta de su tenda, llega Joaquín y, como si no la hubiera visto en su casa, trata de piropearla. Pero ella le reprocha su conducta y la desprecia. Al enterarse de la ruptura, Ricardo, que no pierde la oportunidad, vuelve a cortejar a Ascensión quien, en su despecho, le acepta como novio delante de Joaquín.


Segundo Acto:


Unos meses después, el Espasa, ahora cobrador de autobús, sigue mareando a Capó con su palabrería camelística. Capó decide jugarle el mismo juego y, con ayuda de un diccionario gitano, deja al Espasa para el arrastre. Envalentonado, Capó corteja a Clarita en puro argot faraónico.


Por su parte, los amores entre Ascensión y Ricardo, el aviador, se vuelven cada día más fríos. Ella recela de todo y no sabe cómo disculparse. A todo esto, Don Pedro Botero se ha arruinado en el negocio de chatarra, y Joaquín tiene que volver al garaje como mecánico, esta vez por necesidad. Al ver que Ascensión y Ricardo no se quieren del todo, siente renacer la esperanza y expresa su cariño por Ascensión, seguro de que ella volverá a quererle. Enterada de la ruina de los padres de Joaquín, Ascensión lleva un ramo de rosas a Doña Mariana. Al salir se encuentra con Joaquín que, emocionado, agradece su delicadeza. Ambos recuerdan con tristeza los días felices de su amor. Ricardo, que ha comprendido que lo mejor es renunciar a Ascensión, pide al Espasa que se lo diga. Ascensión pide a Clarita que le diga lo mismo a Ricardo. Quedan ambos como buenos amigos, cuando llega Joaquín, que se reconcilia con Ascensión, mientras Clarita, Capó y el Espasa brindan por la felicidad de “La del Manojo de Rosas”. 

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