RIGOLETTO, G. Verdi

Lugar: Amaia K.Z. de Irun

Día: 17 y 18 de mayo de 2008

Hora: 20,00 y 19,00

FICHA ARTÍSTICA:

 

Rigoletto Barítono Sergio Bologna

Gilda Soprano Isabelle Philippe

Duca Di Mantova Tenor Ángel Pazos

Maddalena Mezzosoprano Marifé Nogales

Sparafucile Bajo Emidio Guidotti

Monterone Barítono Isidro Anaya

Matteo Borsa Tenor Iker Casares

Marullo Baritono Rubén Ramada

Conte Ceprano Barítono Antonio Calleja

Contessa di Ceprano Soprano Miren Urbieta

Giovanna Soprano Haizea Muñoz

Paje Soprano Blanca Gutiérrez

Coros Coro Easo / Xalba Rallo

Dirección Escénica Francois Ithurbide

Dirección Musical Aldo Salvagno

Orquesta Luis Mariano

 

FICHA TÉCNICA:

 

Regidor de Orquesta José Mª Rastrilla

Regidor de Escena Ohiana Regüela

Atrezzista Erica Garelli

Decorados y Atrezzo Sinfonia en RE (Reggio Emilia)

Iluminación Irudi Ots

Maquinaria KUBIDE

Diseño Luces François Ithurbide / Gianfranco Ferrari

Subtítulos Ana Muguruza

Vestuario Gianminelli (Nápoles)

Sastrería Alice Delfino / Tiziana Borra

Maquillaje Mª Carmen Prendes

Peluquería Maribel Salinas

Maquinistas Flavio Punzzi / Francisco Ettore

Diseño de carteles Emidio Guidotti

Producción As.Lirica Luis Mariano / As. Amici Musica Cuneo

Organización General Asociación Lírica Luis Mariano


“Rigoletto” forma parte de la llamada trilogía popular de Verdi, junto con “La Traviata” y “El Trovador”. Su estreno en el Teatro La Fenice de Venecia el 11 de Marzo de 1851 había sido precedido de numerosos problemas con la censura. En efecto, el libreto escrito por Francesco María Piave, se basa en el drama “Le Roi s´Amuse” de Víctor Hugo, publicado en 1832, en el que se presenta al rey Francisco I de Francia como un personaje disoluto e inmoral, por lo que fue prohibida su representación en toda Francia. Con estos antecedentes era muy probable que esta obra podría plantear nuevamente problemas con la censura, a pesar de lo cual , fue el propio Verdi el que propuso a Piave la adaptación para componer una nueva ópera, ya que le había entusiasmado el contenido socio-político y la intensidad de los sentimientos profundamente humanos que se expresaban en el drama.

Como era de esperar, tres meses antes de su estreno, el propio gobernador militar de Venecia (por entonces bajo el dominio de Austria) calificó el libreto de “tremenda inmoralidad y obscena trivialidad” y decide la prohibición de su representación.

La dirección del teatro, con encomiable habilidad diplomática, consiguió la autorización pactando una serie de modificaciones:

-Cambio del título de la obra. No podía hacerse alusión a ningún personaje real. Se barajaron varias posibilidades, entre las que se encontraban “La Maldición”, “El Duque de Vendômme”, y finalmente se aceptó el de “Rigoletto”, nombre del bufón deforme.

- Trasladar la acción a una corte de un pequeño estado italiano.

- Cambiar los nombres de todos los personajes.

Estas modificaciones fueron aceptadas por Verdi, ya que la esencia de la línea argumental se mantenía, y la obra se estrenó en medio de un gran éxito.

¿Por qué llamaba la atención a los censores el aspecto inmoral de la obra? En mi opinión, lo que realmente les parecía inaceptable, o como diríamos ahora, “políticamente incorrecto”, era presentar a un rey en escena con cualidades negativas. Un rey nunca podía ser inmoral. Pero lo cierto es que, en realidad todos los personajes en esta ópera lo son, aunque también son profundamente humanos:

El Duque de Mantua es un libertino que aprovecha su elevada posición para alcanzar sus perversos objetivos. Sin embargo Verdi y Piave no recargan las tintas de su perversidad. Incluso parece que lo tratan con cierto grado de simpatía y hasta de alguna manera lo justifican al presentarlo como enamorado de Gilda (en el aria “ella mi fu rapita”)lo que podría recordar el amor de Don Juan por Doña Inés en el Tenorio de Zorrilla. En cualquier caso su actitud de libertino queda inconfundiblemente expresada en el aria del 1º acto “Questa o quella” en la que, además de la inconstancia en los sentimientos amorosos, afirma que “no hay amor si no hay libertad”.

Rigoletto, el bufón deforme es colaborador e incitador de las perversidades del Duque, y por tanto profundamente inmoral. Solo la desesperación al percatarse de que su hija Gilda ha sido raptada justifica su ansia de venganza.

Sparafucile, el matón y su hermana Maddalena, prostituta, son inmorales sin paliativos.

Giovanna es inmoral al traicionar por dinero la confianza que Rigoletto había depositado en ella para cuidar a su hija Gilda.

Hasta la dulce y cándida Gilda miente a su padre, al negar que hubiera conocido a hombre alguno.

Así mismo, los cortesanos tienen un comportamiento de servil halago hacia el Duque.

Todos los personajes tienen un comportamiento claramente inmoral, pero a la vez son profundamente humanos, y por lo tanto resultan reales como la vida misma y enormemente atractivos para los espectadores.

Sin embargo estas características chocaban de lleno con una férrea censura que vetaba fundamentalmente los temas políticos más o menos revolucionarios y aquellos asuntos que pudieran atentar contra la moral y las buenas costumbres. Evidentemente “Rigoletto” entraba por completo en las garras de la censura. Pero, por si esto fuera poco, hay que añadir que Verdi era especial objeto de vigilancia por sus antecedentes de hombre liberal y de notable influencia en la sociedad italiana y algunas de sus obras como “I Lombardi alla Prima Crociata” (1843), Ernani (1844), Giovanna d´Arco (1845), “La Bataglia di Legnano” (1849), “Luisa Miller” (1849), y “Stifelio” (1850), habían sufrido la acción de la tijera censora, lo que en más de una ocasión desvirtuó la esencia de las obras.

Afortunadamente lo fundamental del argumento se pudo mantener íntegramente, lo que junto a un tratamiento dramático muy efectivo y sobre todo una música capaz de expresar los más profundos sentimientos de los personajes han hecho de “Rigoletto” una de las óperas más representadas y populares.


ARGUMENTO:


Acto I


Cuadro I


Se alza el telón y aparece el palacio del duque de Mantua mientras se escucha una música festiva. El Duque muestra su carácter frívolo y libertino cuando canta Questa o quella. Conversa con Borsa sobre una muchacha desconocida de la que se ha encaprichado. Marullo comunica a los cortesanos que el bufón Rigoletto oculta a una amante. Rigoletto se mofa de varios personajes cuyas mujeres o hermanas han sido cortejadas por el Duque. Uno de esos personajes burlados es Monterone a quien el Duque manda arrestar. Monterone sale de la escena maldiciendo a Rigoletto. Es la famosa maledizione que traerá la perdición de Rigoletto.


Cuadro II


Rigoletto vuelve a casa preocupado por la maldición. Aparece el personaje de Sparafucile, un asesino profesional que ofrece sus servicios a Rigoletto. Éste va expresando sus sentimientos y su condición de vida. Entra en la casa y allí encuentra a su hija (a quien los cortesanos habían tomado como amante). Se llama Gilda y vive escondida y resguardada por su padre. Los dos personajes mantienen una conversación y Rigoletto insiste mucho en que Gilda no salga más que a misa y que la acompañe el ama Giovanna..

El duque llega a la casa y se entera de que Gilda es en realidad la hija de Rigoletto. Soborna a Giovanna y se oculta en el jardín. Gilda confiesa al ama que está enamorada de un joven que ha visto en la iglesia, que no es otro que el Duque. En ese momento aparece y le declara su amor. Juntos cantan E il sol dell’anima. El Duque cuenta a Gilda que es un estudiante y que se llama Gualtier Maldé. Afuera se oyen las voces de Ceprano y Borsa que planean el rapto de la supuesta amante de Rigoletto, que en realidad es su hija. El Duque se marcha. Cuando Gilda se queda sola repite el nombre de su enamorado, cantando el Caro nome.

A continuación tiene lugar una escena de enredo y confusión entre los cortesanos y Rigoletto, que es burlado y engañado por éstos, que consiguen entrar en el jardín y raptar a Gilda. Cuando Rigoletto se da cuenta ya es demasiado tarde. Lleno de angustia recuerda y canta Ah, la maledizione!


Acto II


La escena es en el palacio del Duque que está desesperado porque al volver a la casa de Rigoletto no ha encontrado a Gilda. Canta Parmi vedar le lacrime. Entran los cortesanos y cuentan que han raptado a la amante de Rigoletto. El Duque se da cuenta de que se trata de Gilda y va en su busca. Entra en escena Rigoletto vestido de bufón muy angustiado y les dice a todos Tendré a mi hija, afirmación que les sorprende a todos, y luego les insulta con la gran aria Cortigiani, vil razza. Entra en escena Gilda que cuenta a su padre lo que le viene pasando desde hace algún tiempo, Todos los días festivos, en la iglesia. Rigoletto planea vengarse del Duque, mientras su hija pide que le perdone. Rigoletto canta Si, vendetta.


Acto III


Transcurre en una posada donde se encuentran Rigoletto, Gilda, el Duque, el malvado Sparafucile y su hermana Magdalena. Rigoletto quiere demostrar a su hija cómo es de licencioso el Duque. Es cuando este último canta La donna e mobile y luego corteja a Magdalena. Rigoletto planea el asesinato del Duque junto con Sparafucile y después manda a Gilda que se vaya a casa, se ponga ropa de hombre y se marche a Verona. La muchacha obedece. El asesino y él deciden que tras la muerte, el cuerpo debe ser metido en un saco y arrojado al río.

Se desencadena una tormenta y el Duque decide pasar la noche en la posada. Magdalena trata de convencer a su hermano de que no asesine al Duque sino al bufón. Sparafucile se escandaliza porque no puede asesinar a un cliente, pero promete cambiarlo por el primer hombre que se presente en la taberna. Aparece Gilda (desobedeciendo las órdenes de su padre), vestida de hombre y por su amor al Duque decide sacrificarse entregando su vida al entrar en la taberna.

Ya no hay tormenta. Rigoletto entra en escena y Sparafucile le entrega el saco. Cuando se dispone a arrojarlo al río oye la voz del Duque desde el interior de la posada, cantando La donna e mobile. Horrorizado, abre el saco y ve a su hija agonizante aún. Gilda y su padre se arrepienten de lo ocurrido y se piden mutuamente perdón. Gilda muere entre sus brazos. La opera termina con un lamento de Rigoletto en que recuerda la maledizione de Monterone.

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