Ópera de cine (proyección) AIDA, G. Verdi

Lugar: Sala de Conferencias del Amaia K.Z. de Irun

Día: 19 de mayo de 2009

Hora: 19,00

 

Ponente: José Javier Huerta

Entrada gratuita al público en general.

ARGUMENTO:


Acto 1

 

Celeste Aida. Al comienzo del acto inicial, Radamés entona una romanza para proclamar su amor por Aida. Se trata de una página en cuyo recitativo se quel guerrier io fossi oímos al militar que espera ser designado caudillo de su pueblo en la guerra contra los etíopes. Luego se expresa el enamorado la gloria que anhela le servirá para coronar a Aida y subirla a un trono junto al sol. Con estas palabras termina el tenor una difícil aria, que lleva su voz en tres ocasiones al si bemol agudo. El hecho de que el último de éstos haya de cantarse pianíssimo y recién salido a escena con garganta fría, hace de esta romanza una de las más temidas por los tenores. De hecho, el famoso tenor francés Roberto Alagna fue abucheado en la Scala de Milán luego de su interpretación de esta célebre aria.

 

Acto 1

 

Ritorna vincitor. Al final del cuadro primero del primer acto, Aida hace suyas las palabras con que los egipcios saludan a Radamés, recién nombrado general del ejército, deseándole la victoria. Ella también quiere el éxito de su amado y supone, al tiempo, la derrota de su padre Amonasro, rey de los etíopes. Amor y deber patrio luchan en el corazón generoso de la angustiada joven, que al final de la página ruega compasión a los dioses (numi, pieta)


Acto 2

 

Nel rivederla, il dubbio atroce in me si desta. En el cuadro primero del segundo acto, se producte el enfrentamiento entre Aida y Amneris la princesa egipcia interroga con astucia a la esclava que, involuntariamente, descubre su amor por Radamés. Amneris se revela como su rival y la obliga a acompañarla a la celebración del triunfo. El contraste entre las tesituras de las dos voces (soprano y mezzosoprano), la sutilezas de la orquestación y el empleo de los temas musicales asociados a los dos personajes son elementos manejados por Verdi de modo admirable.

Acto 2 Gloria all'egitto. Escena de enorme espectacularidad que sirve de justificación a colosales montajes. El coro inicial (gloria all'egitto) fue adoptado por el jedive que encargó la ópera a Verdi como himno nacional.


Acto 3

 

O patria mia. La inspiración de Verdi y su talento como orquestador y dramaturgo alcanzan en el acto tercero un punto culminante. Casi todo el acto está dominado por Aida, casi omnipresente, lo que plantea a su intérprete un arduo problema dos espléndidos y largos dúos - con su padre primero y con Radamès después- someten a durísima prueba su capacidad musical y su preparación técnica. Pero además, previamente aún ha de enfrentarse este personaje a una romanza que no figuraba en el estreno de El Cairo y que Verdi escribió para la soprano Teresa Stolz O patria mia, en la que la joven recuerda su tierra natal, que nunca volverá a ver.


Acto 4

 

En el último acto, destaca la gran escena de Amneris, sola primero y con Radamés luego, cuyo amor trata de alcanzar en vano el joven, traidor involuntario a su patria y sin posibilidad de recuperar a Aida sólo desea morir. Sigue el juicio y condena de Radamés, que provocan la ira de Amneris, que llama a los sacerdotes de Isis tigres sedientos de sangre Aida se cierra en un preciosos adiós a la vida Radamès, enterrado vivo, descubre en la tumba a su amada y ambos unen sus voces en el célebre O terra, addio. 

 

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