LA BOHÈME, G. Puccini

Lugar: Teatro AMAIA de Irun

Día: Sábado, 3 de Octubre de 2009

Hora: 20,00

Día: Domingo, 4 de Octubre de 2009

Hora: 19,00

 

FICHA ARTÍSTICA:

 

Mimi Soprano Alketa Cela

Musetta Soprano Elena Sancho

Rodolfo Tenor Ángel Pazos

Marcello Barítono Philippe Fourcade

Colline Bajo Ernesto Morillo

Schanaudar Barítono Fernando Latorre

Parpignol Tenor Iker Casares

Benoit / Alcindoro Bajo Harold Torres

Coros Coro Luis Mariano / Sonia Franzese

Coros Escolanía Coro Easo / Gorka Miranda

Dirección Escénica François Ithurbide

Orquesta Orquesta Luis Mariano

Dirección Musical Nicola Giusti

 

FICHA TÉCNICA:

 

Director de Producción Roberto Punzi

Regidor de Escena Oihana Regüela

Atrezzista Tiziana Borra

Regidor de Orquesta Teresa Egaña

Figurantes Beatriz Merino/Miriam Pérez/Ainara González

Iluminación Irudi Ots

Diseño Luces Gianfranco Ferrari

Subtítulos Ana Muguruza

Decorados y Atrezzo Sinfonia en Re (Regio Emilia)

Vestuario Sinfonia en Re (Regio Emilia)

Sastrería Tiziana Borra/Alice Delfino

Maquillaje Maria Carmen Paredes

Peluquería Estela Martín

Maquinaria Kubide

Maquinistas Roberto Punzi / Antonio di Lorenzo / Luca Misca

Imprenta Gráficas Txingudi

Producción Asociación Lírica Luis Mariano

Producción Asoziacione Giovanille Musicale di Cuneo (Italia)

Producción Pierres Lyriques en Pays de Bearn (Francia)

Organización General Asociación Lírica Luis Mariano Irun

EN TORNO A... “LA BOHÉME”

 

Por José Luis Barrio Gamarra

 

La evolución de la ópera a lo largo del siglo XIX pasa de forma insensible por tres etapas: el romanticismo cuyos máximos exponentes serían Bellini, Donizetti  y Verdi, el realismo  en obras tales como “La Traviata”  y  “Otello”, también de Verdi, y el naturalismo que en Italia recibiría el nombre de Verismo.

El verismo literario surgido en Italia en el último cuarto del siglo XIX, es el heredero inmediato del naturalismo francés, cuyo representante más conocido sería E.Zola, y que afectó esencialmente a novelistas y dramaturgos, encabezados por el escritor Giovanni Varga (1840-1922) cuyos títulos más conocidos son “Relatos Rústicos”, ”Los Malasangre” (llevada al cine por Visconti con el título “La terra Trema”) y “Cavalleria Rusticana”. Los temas preferidos que se abordan, aunque no los únicos, hacen referencia a personajes y situaciones extraídos de un contexto social humilde, muy frecuentemente, de ambiente rural o proletario, describiendo tramas argumentales sórdidas y violentas, y siempre enmarcadas en unas coordenadas históricas muy precisas.

El teatro musical, la ópera, no podía ser ajeno a este movimiento, pero no solo por los temas y personajes, sino también por el tratamiento musical, ya que para conseguir un mayor realismo, se evitan las formas de números separados como las arias cerradas, y en su lugar se prefiere una composición “continua”, que en cierto modo se acerca al teatro hablado.

A esta situación no se llegó de forma brusca. Por el contrario obras como “La Traviata” de Verdi  ya nos anuncian un claro cambio de tendencias, dejando a un lado al Romanticismo, aunque sin abandonarlo por completo, para interesarse por temas de mayor actualidad, para lo que hubo que superar la resistencia de cierta tendencia conservadora del público. No olvidemos el fracaso del estreno de “La Traviata”, y posteriormente el violento rechazo que sufrió “Carmen” de Bizet, en su estreno en la Opera Comique de Paris.

Pero el inicio del movimiento verista en la ópera se puede fechar en 1890 con el estreno  de “Cavallería Rusticana” de Pietro Mascagni, en el teatro Constanzi de Roma, que constituyó un éxito sin precedentes, hasta el punto de ser considerada como un manifiesto del verismo musical y supuso un auténtico vuelco en la trayectoria evolutiva de la ópera, ya que marcaba la línea a seguir por los libretistas y compositores italianos.

Sin embargo esta afirmación es muy relativa, en especial en lo que se refiere a los libretistas, ya que algunas de las obras de esta época abordan otro tipo de temas, como “L´Amico Fritz” (de ambiente burgués-rural) o “Iris”, obra simbolista situada en Japón, o romances medievales como “Isabeau” y “Parisina”, todas ellas de Mascagni, pero que sin embargo musicalmente son tratadas como obras veristas, lo que significa que el término verista tiene una doble vertiente: por un lado la descripción realista de las pasiones de unos personajes en un entorno social determinado  y por otro el movimiento cultural-musical de los compositores.

En relación con la ópera “La Bohéme”, los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa se basaron en una novela por entregas  de Henry Murger  “Escenas de la vida de bohemia” que había sido publicada a lo largo de 5 años  (entre 1845 y 1849) en el periódico  “El Corsario” de París, demostrando una extraordinaria capacidad de síntesis al ser capaces de condensar de forma armónica esta larga novela, en una obra en cuatro actos de duración normal para los usos de la época.

Mucho se ha discutido sobre si “La Bohéme” se puede incluir  dentro del catálogo de las obras veristas. En mi opinión esta ópera cumple todos los requisitos para ser considerada como tal (personajes de extracción social baja, que expresan de forma apasionada sus sentimientos, en un marco social muy explícito, no exento de crítica social), consiguiendo a la vez altos vuelos de expresividad sentimental de gran belleza musical capaz de emocionar y conmover.

El estreno tuvo lugar en el Teatro Regio de Turín, el 1 de Febrero de 1896 bajo la dirección de Arturo Toscanini. La acogida por parte del público y la crítica no fue tan entusiasta como su anterior estreno un año antes (Manon Lescaut), pero en poco tiempo fue abriéndose paso al estrenarse en todos los grandes teatros de ópera, y consiguiendo el beneplácito de todos los públicos, llegando a ser uno de los títulos más populares  y más representados en todo el mundo.


ARGUMENTO:

 

Acto I

 

En la buhardilla de los bohemios. Marcello pinta mientras Rodolfo mira por la ventana. Como no tienen combustible y hace frío, utilizan los manuscritos del drama que está escribiendo Rodolfo para hacer fuego. Colline, el filósofo, entra en la pieza congelado y molesto por no haber podido echarle la mano a unos libros. Schaunard, el músico, llega con comida, madera, vino y dinero; explica a sus compañeros la fuente de su súbita riquezas, atender el loro de un caballero inglés. Nadie le presta atención porque caen sobre la comida, que es retirada rápidamente por Schaunard, que les deja tan solo el vino. Mientras beben, llega Benoit, el casero, en busca del pago de la renta. Los bohemios le engatusan ofreciéndole vino, y, en medio del efecto del alcohol, les narra sus aventuras amorosas, añadiendo que está también casado, ante lo cual todos reaccionan con una indignación pacata, fingida, y le echan de la habitación sin pagarle la renta. Deciden que lo mejor es utilizar ese dinero para disfrutar del barrio. Rodolfo no les acompaña porque quiere trabajar. En ese momento alguien llama a la puerta, es Mimi que ha venido a pedir que le ayuden a encender nuevamente su vela. Sale, pero regresa en seguida porque ha olvidado su llave. En ese momento, ambas luces se apagan y en la oscuridad deben buscar la llave. Rodolfo la encuentra y la guarda para que la búsqueda continúe en la oscuridad. Cuando sus manos tropiezan, ambos aprovechan la ocasión para contar la historia de sus vidas: él interpreta 'Che gelida manina' - ('que manita más fría') y ella, 'Sì, mi chiamano Mimi' ('sí, me llaman Mimi'). Son interrumpidos por las voces de los amigos que han venido a buscar a Rodolfo, y él antes de que entren, les advierte que no está solo y que pronto se reunirá con ellos, aunque prefiere quedarse en casa, pero deciden marchar, juntos, cantando su amor (en el delicioso dúo, "O soave fanciulla" - "oh! suave niña").

 

Acto II

 

En el Quartier Latin(Barrio Latino). En las calles hay una multitud que se divierte mientras los vendedores vociferan sus productos. Los amigos llegan al Café Momus, y mientras beben y comen aparece Musetta, ex de Marcello, acompañada de un admirador un poco parco, Alcindoro. Ella intenta de varias maneras llamar la atención de Marcello, y lo logra cantando una sensual aria dedicada fingidamente a su nuevo amante ("Quando men vo' - Cuando me voy"). Fingiendo un dolor en un pie, por culpa del zapato que le aprieta demasiado, hace que Alcindoro vaya a buscarle un nuevo par, ocasión que Musetta aprovecha para reunirse con su amado Marcello. Cuando los bohemios deciden pagar la cuenta para marchar, encuentran que Schaunards no tiene suficiente dinero, y siguiendo una sugerencia de Musetta, deciden cargar la cuenta a Alcindoro. Soldados desfilan en la calle, y aprovechando la confusión, Marcello y Colline llevan a Mussetta en brazos y huyen, bajo la risa cómplice de los espectadores. Cuando se han ido todos, Alcindoro llega con el par de zapatos y es sorprendido por el mesonero que le ordena pagar la cuenta.

 

Acto III

 

La aduana de Enfer. Aduaneros llegan a la ciudad. Mimi, notablemente enferma, desea hablar con Marcello. Ella le cuenta lo difícil que se ha vuelto la vida con Rodolfo, que ha abandonado la casa la noche anterior (aria: "O buon Marcello, aiuto! - ¡Oh! ¡Marcello, ayuda!"). Marcello le cuenta que Rodolfo está durmiendo en una taberna donde él también vive. Rodolfo, que acaba de despertar y busca a Marcello, entra en escena, y Mimi rápidamente se oculta. Rodolfo cuenta por qué ha dejado a Mimi, primero aduce que Mimi es demasiado coqueta con otros hombres, pero luego confiesa que él teme que enferme y muera en las pobres condiciones en las que están viviendo, que todo será mejor para ella si vive con alguien que le puede ofrecer una forma de vida más confortable. Marcello, preocupado por Mimi intenta hacerle callar, pero ella ya lo ha escuchado todo y se descubre a sí misma cuando tose violentamente. Marcello les deja para volver con Musetta, y Rodolfo y Mimi, a punto de separarse, declaran nuevamente su amor y deciden permanecer juntos hasta que llegue la estación de las flores, la primavera. En la distancia se escucha la discusión entre Musetta y Marcello (cuarteto: "Addio dolce svegliare alla mattina!").

 

Acto IV

 

Nuevamente en la buhardilla. Marcello y Rodolfo trabajan, mientras lamentan la pérdida de sus respectivas amadas (dúo: "O Mimì, tu più non torni" -- ¡Oh Mimi! ¿regresarás?). Schaunard y Colline entran con la cena, y los cuatro parodian un delicioso banquete, cantando y bailando. Musetta entra alarmada, le acompaña una Mimi muy enferma que sufre mucho; todos ayudan a la chica moribunda. Preocupados, Musetta y Marcello salen de la habitación para vender las joyas de ella y así comprar algunas medicinas. Colline y Schaunard salen para vender el abrigo de Colline. Solos, Rodolfo y Mimi, recuerdan sus tiempos felices (dúo: "Sono andati? - ¿se han ido?"). Regresan todos y se postran a los pies de la cama, Musetta reza una plegaria, y Mimi, inadvertidamente, muere. Poco a poco sus compañeros notan lo sucedido, hasta que finalmente, Rodolfo cae en la cuenta y grita desesperado "¡Mimí...! ¡Mimí...!"

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