LA SONNAMBULA, V. Bellini

LA SONNAMBULA, V. Bellini

Lugar: Teatro AMAIA Irun

Día: Sabado, 15 de Mayo de 2010 y domingo, 16 de Mayo de 2010

Hora: 19,00

 

FICHA ARTÍSTICA:

 

Amina Soprano Stefania Bonfadelli

Elvino Tenor Angelo Scardina

Conte Rodolfo Bajo Stefano Rinaldi

Lisa Soprano Elena Barbé

Teresa Mezzosoprano Ainhoa López Soraluce

Alessio Barítono Rubén Ramada

Notario Tenor Iker Casares

Dirección Escénica Françios Ithurbide

Orquesta Luis Mariano

Coros Luis Mariano / Maestra Sonia Franzese

Dirección Musical Nicola Giusti

 

FICHA TÉCNICA:

 

Director de Producción Roberto Punzi

Regiduría de Escena Beatriz Merino

Regidora de Orquesta Teresa Egaña

Regiduría de Coro Blanca Gutiérrez, Haizea Muñoz, Teresa Egaña, José Javier Huerta

Iluminación Irudi Ots

Diseño de Luces Gianfranco Ferrari

Subtítulos Ana Muguruza

Decorados Fantasia In Re (Reggio Emilia)

Vestuario Fantasia In Re (Reggio Emilia)

Attrezzista Matteo Eula

Sastrería Tiziana Borra, Alice Delfino

Maquillaje Mari Carmen Paredes

Peluquería Estela Martin

Maquinaria Kubide

Maquinistas Roberto Punzi, Matteo Eula

Diseño de Cartelería Emidio Guidotti

Impresión Gráficas Txingudi

Co-Producción Associazione Giovanile Musicale di Cuneo (Italia), Pierres Lyriques en Pays De Bearn (Francia)  y Asociación Lírica Luis Mariano Irun

Creación, Coordinación y Organización General Asociación Lírica Luis Mariano Irun

 

Afortunadamente, podremos ofrecer un reparto de gran importancia encabezado por la gran soprano italiana Stefania Bonfadelli, que ha cantado este rol y tantos otros en algunos de los teatros más importantes del mundo como el Convent Garden de Londres, La Scala de Milán, Regio de Turin, National Theater de Munich o Staasts Oper de Viena, a la cual retornará tras su interpretación en nuestra ciudad para interpretar “I Puritani”. Así mismo la podemos encontrar en infinidad de grabaciones de CD y DVD en tantos otros títulos importantísimos dentro del mercado discográfico lírico mundial. Sin duda será un gran privilegio y un gran lujo que esta gran artista, mundialmente famosa, actúe en Irún, en nuestro modesto escenario interpretando uno de los roles más difíciles del repertorio.

A buen seguro no le irán a la zaga sus dos acompañantes masculinos como serán el bajo Stefano Rinaldi y el tenor Angelo Scardina, que también poseen un amplio curriculum plagado de actuaciones en teatros tan importantes como los de Monte Carlo, Genova, Buenos Aires, Staats Oper de Berlín, Operas de Frankfurt, Hamburgo, Zurich, Roma, Lisboa y también como su compañera Covent Garden y Scala de Milan.

Un reparto de lujo secundado por jóvenes de nuestro entorno ya conocidos como Elena Barbé (Lisa), Ainhoa López Soraluze (Teresa) o Rubén Ramada (Alessio). Gran importancia en esta opera la tendrá el Coro Luis Mariano, que interviene continuamente a lo largo de toda la opera con infinidad de números corales, a los que a buen seguro el director de escena François Ithurbide les sacará chispas. Retorna tras el éxito de “La Boheme” el maestro Nicola Giusti que conducirá la parte musical al frente de nuestra Orquesta Luis Mariano. Una vez más se realiza una coproducción con los “Amigos de la Música de Cuneo”.

La obra de 2 actos, catalogada como opera semi-seria, presenta un argumento general absurdo (una sonambula que se pasea entre las nubes y los lugareños creen que se trata de un fantasma) con ribetes trágicos pero con final feliz asegurado. Inspirado en un ambiente rural e idílico de las montañas suizas, se ha conseguido que esta ópera se mantenga en los cartelones de los grandes teatros líricos del mundo debido sobre todo a la alta dificultad musical de la partitura. Fue rescatada del olvido gracias a las grandes sopranos Maria Callas y Joan Sutherland que asumieron el reto de interpretarla ofreciendo un amplio despliegue de facultades y de capacidad técnica vocal de altísima calidad que quedarán siempre para la historia.

 

ARGUMENTO:

 

La acción se desarrolla en un pueblo de Suiza, durante el siglo XVIII.

 

ACTO I.-

 

 Escena I.- La plaza de una aldea de los Alpes suizos, en el siglo XIX A un lado, la posada de Lisa, hermosa mujer coqueta e intrigante, a cuyo amor aspira el joven campesino Alessio, persona de buen corazón pero sin muchos medios de fortuna. Lisa, en realidad, quema recuperar el amor de Elvino, su antiguo pretendiente, campesino mucho más rico que Alessio, pero prometido anura de la joven huérfana Amina, a la que la molinera Teresa acogió en su casa dándole su cariño.

Al alzarse el telón un nutrido grupo de campesinos muestra su alegría por la celebración de los esponsales de Amina y Elvino: se va a firmar el contrato nupcial y al día siguiente se celebrará la ceremonia religiosa Lisa, envidiosa, no soporta que el pueblo entero alabe la belleza y cualidades de su rival Amina. Alessio, encargado de organizar los festejos, es tratado con altivez por Lisa. Amina, turbada ante los elogios de todos, desea a la pareja amor y felicidad. Llega el notario. El novio aún no se ha presentado, y a todos resulta extraño este hecho. Por fin aparece Elvino, y explica su tardanza porque se había detenido a orar ante la tumba de su difunta madre, cuya bendición desde el cielo ha implorado para su boda, y entrega a la novia el anillo que le habla pertenecido: Amina será tan buena esposa Fara él como su madre lo fue para su progenitor. El notario procede, y pregunta a los novios cuál es su aportación al matrimonio: todas sus tierras, Elvino; sólo su corazón, Amina, lo cual, en opinión de su amado, lo es todo.

Se oye en escena ruido de caballos. Un carruaje se detiene en la plaza, del que desciende un misterioso caballero de edad madura. Rodolfo, que así se llama el personaje, se dirige al grupo de los presentes y pregunta si falta mucho para llegar al castillo del conde, señor de aquellas tierras. Lisa, siempre calculadora, ofrece al caballero su posada asegurando que no podrá llegar más que a noche cerrada. Rodolfo acepta encantado su proposición y reconoce encantado el lugar donde, afirma, pasó hermosos días de juventud, al tiempo que se informa de las circunstancias de la boda, alabando la belleza y gentileza de la novia; ello despierta los celos de Elvino, que debe callar ante un caballero de tanta alcurnia.

Rodolfo no quiere revelar su identidad: en realidad es el conde, venido de lejos a hacerse cargo del castillo de sus difuntos padres. Teresa advierte entonces a los presentes que ya es hora de retirarse. A preguntas del conde, le explican que a esas horas suele vagar por el lugar una terrible presencia, un fantasma. Rodolfo se ríe de tal superstición, augurando para aquellas tierras la pronta desaparición del espectro. El conde se retira a descansar a la posada de Lisa; los campesinos hacen lo propio, y Amina hace prometer a Elvino que olvidará sus celos injustificados. Las sombras invaden la plaza, que va vaciándose poco a poco.


Escena II.- El interior de la alcoba de Rodolfo en la posada. Se ve una gran ventana al fondo. Lisa, a la que el alcalde ha informado, junto con el resto del pueblo, de la verdadera identidad de éste, acude a su cuarto a rendirle pleitesía, deseosa de que ello le reporte algún futuro beneficio. El conde acepta encantado la visita de la posadera, en la que intuye alguna posibilidad amorosa. En ese momento se oye un ruido tras la ventana, y Lisa, que no quiere ser descubierta a tales horas en la habitación de un hombre, se esconde, perdiendo el pañuelo con las prisas. En la ventana aparece Amina, que caminando dormida se imagina cómo será su boda con Elvino. El conde queda conmovido ante la bondad de corazón de la joven, y de su hondo amor por Elvino, por lo que abandona ciertas ideas que mal encajarían con la virtud de la joven. El conde recoge el pañuelo y lo deja caer en la cama: reconoce que la joven es sonámbula. Amina se tumba en el lecho y sigue durmiendo.

En ese momento se oyen las voces de los campesinos, que a pesar de la hora acuden a presentar sus respetos al conde. Lisa sale de su escondite, contempla a Amina en la habitación y comprende encantada que su rival va a perder la reputación. El conde, asustado por las circunstancias, decide marcharse de la posada y sale por la ventana, cerrándola tras de sí.

Los campesinos entran y comprueban que el conde no se encuentra allí, y también que hay otra persona: una mujer. Momentos más tarde comprueban horrorizados que la mujer es Amina.

Elvino, que acaba de entrar en la habitación seguido de Teresa, no da crédito a sus ojos. Ante sus gritos, Amina se despierta, se sorprende de hallarse allí, pero de nada le sirven sus protestas de inocencia: nadie la cree, y menos que nadie el celoso Elvino, que la rechaza violentamente. Amina, asustada y llorosa, busca consuelo en Teresa, la cual anuda el pañuelo de Lisa en el cuello de Amina, creyéndolo de la joven. Amina está desesperada. Todos, excepto Teresa, la abandonan.

 

ACTO II .-

 

Escena I.- Nos hallamos ahora en la colín; cercana al castillo del conde Rodolfo Un grupo de preocupados campesinos acuden al castillo para pedir al conde que ayude a probar la inocencia de Amina. Teresa y Amina, que también acuden a solicitar la ayuda del conde se detienen un momento en su camino. Pasa entonces Elvino, cabizbajo y ofendido Amina se acerca hasta él y le ruega que acepte sus explicaciones de honradez, pero él le quita el anillo que le había entregado, y ni siquiera las palabras de los campesinos, que regresan con la garantía de inocencia del conde, consiguen que el joven cambie su actitud. Amina, desesperada, cae desmayada en brazos de su madre.

 

Escena II.- De nuevo nos encontramos en la plaza de la aldea. Lisa, como de costumbre, discute con Alessio, cuyo amor sigue rechazando. Aparece un grupo de campesinos que anuncian alegres la próxima boda de Lisa y Elvino: éste acude en persona a formular a Lisa su propuesta, que la joven acepta encantada sin importarle que Elvino se case con ella por despecho.

La pareja se encamina hacia el templo, pero hace su aparición el conde, quien asegura a Elvino que Amina es inocente. Él le pide que justifique la presencia de la muchacha en su alcoba, y Rodolfo explica a los presentes que hay personas, los sonámbulos, que caminan y contestan a quienes les hablan estando profundamente dormidos, mas nadie da crédito a sus palabras, a pesar incluso de su condición de señor de aquellas tierras.

Al oír el griterío Teresa sale de su casa y pide a todo el mundo que se calle: Amina, al fin, ha logrado conciliar el sueño. Todos obedecen. Teresa repara entonces en la comitiva y se percata de lo que está sucediendo. Lisa, cínica, le dice que se casa con Elvino porque a ella no la han sorprendido de noche en la habitación de un hombre. Teresa, indignada, muestra a todos el pañuelo que ésta perdió en la alcoba del conde, quien discretamente se queda callado. Lisa no sabe qué explicación dar; Elvino se aparta de ella horrorizado, preguntándose sobre la existencia de la virtud entre las mujeres y del amor verdadero. En ese momento Amina sale por la ventana del molino, y el conde lo indica a todo el mundo.

La joven emprende su sonámbulo paseo; corre el riesgo de caer sobre la rueda del molino, pero se salva; habla en sueños, y por sus palabras todos comprenden que está enamorada de Elvino. El conde, empujando al muchacho, le dice que haga lo que Amina le pide en sueños, y éste le devuelve el anillo. Los aldeanos estallan en gritos. Amina se despierta, y ve maravillada que Elvino le solicita su perdón y que todos aclaman su inocencia. El canto de Amina, camino por fin del altar del brazo de su amado.


Arias destacadas:

·           "Come per me sereno" (Amina)

·           "Prendi, l'anel ti dono" (Elvino)

·           "Vi ravviso, o luoghi ameni" (Rodolfo)

·           "Ah! non credea mirarti" (Amina)

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