LUIS MARIANO

Mariano Eusebio González, conocido artísticamente como “Luis Mariano”, nace en Irún el 13 de Agosto de 1914. Cuando contaba tan solo dos años de edad su familia decide trasladarse a Burdeos, donde residió hasta el año 1922 en que de nuevo retornan a su Irún natal. Estudia en el Colegio de los Hermanos de la Salle, donde desde temprana edad ya se advierten sus dotes para el dibujo.

Tiene 22 años cuando estalla en España la Guerra Civil, siendo testigo de la destrucción de Irún. Su vocación pictórica le empuja al estudio de arquitectura en la facultad de Bellas Artes de Burdeos.

 

La precaria economía familiar le obliga a contribuir a ella, participando repetidamente en la vendimia de la zona bordelesa, donde su voz comienza a ser escuchada. En el año 1941, alentado por enamorados de su voz, se anima a inscribirse en el Conservatorio de Música de Burdeos, donde con mayor dedicación se vuelca en el perfeccionamiento de su cuerda de tenor. Se inscribe en cursos de teatro para modular su dicción y para lograr recursos económicos actúa con orquestinas y galas comerciales. Es frecuente su participación en agrupaciones corales y en una de ellas, el coro Eresoinka, coincide con Pepita Embil, madre del conocido tenor Plácido Domingo.

 

Su oportunidad llega en 1943 en el que le conceden el de Ernesto en la ópera bufa “Don Pasquale” de Gaetano Donizetti en el Palais de Chatillot. La crítica se vuelva en elogios con él. Comenzaría así una brillante carrera musical que durará hasta el final de sus días. Es a partir de este momento cuando Mariano González decide llamarse artísticamente “Luis Mariano”, nombre que comenzará a aparecer en sus discos.

 

Su marcha ascendente es fulgurante pero el espaldarazo definitivo lo recibe de la mano de Francis López en la opereta “La bella de Cádiz”, para la que también dibuja figurines y carteles. El tema central “María Luisa”, inspirado y dedicado a su hermana resultará un éxito en la venta de discos.

El fenómeno “Luis Mariano” se expande rápidamente. Entre 1946 y 1949 rueda siete películas y estrena una segunda opereta, “Andalucía”, que alcanza un gran éxito en Francia primero y en Estados Unidos y Canadá después. Es la edad de oro de la opereta, y en ella, y por encima de todos, “Luis Mariano”, “el Rey de la Opereta”. El cenit de su fama lo alcanza entre 1951 y 1952, por un lado con la opereta “El Cantor de Méjico” y por otro lado con la película “Violetas Imperiales”. El cine no constituía ninguna novedad para él pues esta película era su décima participación, y luego vendrían más.

Luis Mariano, artista polifacético, también cultivó la escritura. En 1950 escribe su primera novela, “La canción de mi vida”, a la que seguirán “Mi vida y mis amores”, “Llamas”, “El zarevich” y “Los caballeros del cielo”. Entre 1957 y 1958 recorrió Francia y Bélgica acompañado al Cirque Pinder, hasta que en el 58 se presentó en el Olympia de París donde recibió el espaldarazo definitivo y total a su carrera y a su fama. Entre el 62 y 67 seguirán operetas como “Visados para el amor”, “La canción del amor mío”, “El secreto de Marco Polo” y “El príncipe de Madrid”. En el 69 estrena “La carabela de oro” en el Châtelet.

Se suceden distinciones, títulos y medallas. En España recibe la Orden de Isabel la Católica, y es recibido por el Presidente de la República Francesa en el Elyseo.

 

La hepatitis viral que contrajo comienza a hacer mella, obligándole a dejar su actividad musical en Mayo del 70. Tras sucesivas hospitalizaciones, falleció en la noche del 14 de Julio de 1970. Sus restos reposan, junto a los de sus familiares más cercanos en el cementerio de Arcangues, lugar en el que había fijado su residencia.

 

Fueron varias las personas que tuvieron una especial influencia en la vida de Luis Mariano. En primer lugar su familia, y en lugar destacado su madre Gregoria, que aunque posesiva en exceso, lo que motivó más de un perjuicio para Mariano, éste siempre le profesó y manifestó un desmesurado amor. Su hermana María Luisa gozaba también de la generosidad de su hermano y por ella y para ella dedicó la famosa canción que lleva su nombre.

Pero quizás, la persona más cercana a Mariano fue François Lacan, Patxi Lacan como se le conocía familiarmente. Patxi entró en la vida de Mariano como su chófer particular, pero terminó siendo su secretario, su confidente, su hermano, su amigo. La vida de Patxi discurrió paralela a la de Mariano hasta convertirse en compañeros inseparables. Patxi, huérfano, fue acogido en la familia de Mariano como un miembro más, al igual que Mariano al morir su madre se convirtió en un miembro más de la familia que Patxi formó tras casarse con Françoise. Con Patxi viajaba hasta su casa de Sara en el sur de Francia, y posteriormente a Arcangues cuando en “Marianoko Etxea”, villa diseñada por el propio Mariano, decide establecerse. La muerte de Mariano supuso un duro golpe para Patxi, del que tardó tiempo en recuperarse. Patxi, heredero y albacea de Mariano ha sido y es celoso guardián de los recuerdos de Luis Mariano, sus fotos, vestidos, dibujos, carteles, correspondencia… Toda su vida.

Carmen García Galisteo, Carmen Sevilla, fue el gran amor de Luis Mariano. Se conocieron cuando en 1950 Mariano, merced al pasaporte que le consiguió el embajador en París, vino a España rodar la película “El sueño de Andalucía”. La atracción mutua es inmediata. Juntos viajan a París y juntos repetirán reparto en “Violetas Imperiales” y “La bella de Cádiz”. La relación no acabó en boda por la ingerencia de Gregoria, madre de Mariano. No obstante, Luis Mariano siempre reconoció a Carmen como el gran amor de su vida.

 

En 1956 y durante el rodaje de “El cantor de Mexico”, una gran amistad une a Mariano con Anni Cordy, cantante belga con la que ya había coincidido a comienzo de los años 50. Esta unión excepcional les lleva a compartir cartel en la opereta “Visado para el amor”, y Anni se convertirá en amiga privilegiada de Mariano hasta la muerte de éste.

 

En Irún, y hasta hace unos años, en la calle Hondarribia se podía disfrutar de una atmósfera impregnada de Luis Mariano en “el Alambiq”. En este bar, rescatado de otras épocas, José Luis Azkue deleitaba a sus clientes con las melodías que interpretaba al piano. Sobre el instrumento una gran fotografía de Luis Mariano mordisqueando una brizna de hierba en su finca de Sara y por las paredes más fotografías de José Luis con Mariano.

 

José Luis fue pianista de Luis Mariano y fiel acompañante durante sus múltiples giras. Su encuentro fue casual y todo comenzó cuando en un concierto en Irún, José Luis debió sustituir al pianista de Luis Mariano que se había enfermado. A partir de aquí no pararon, entre conciertos, operetas y espectáculos, forjándose una gran amistad. Mariano no conoció “el Alambiq” pero José Luis ayudó a que Irún conociera un poco mejor a Luis Mariano.

En Arcangues reposan los restos de Mariano, pero Irún, su ciudad natal, mantendrá vivo su recuerdo en la plaza que lleva su nombre y con su busto dominándola.

 

Para la posteridad quedará su voz inconfundible y única en las grabaciones de sus discos, y en las 21 películas que llegó a protagonizar.

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